Parecería que la regla general es que la dirigencia cooperativista del transporte de pasajeros sea un mal sin remedio. Como toda regla tiene sus excepciones. Pero los dirigentes pipones, ineficientes, indolentes, pululan por aquí y allá. Es cierto que la ley, tal cual está hecha, es bastante discorde de la realidad que enfrenta el transportista común y de clase media, pero no es menos cierto que a nivel interno las cooperativas de transporte se manejan al antojo de una sarta de dirigentes mediocres. Usted los mira y les reconoce la traza de fantoches.
Al contrario de lo que debería suceder, los socios no son los que más se benefician a nivel económico y prestacional, pero sí sus dirigentes. Mientras un transportista debe trabajar largas jornadas -muchas de las veces en pésimas condiciones¬-, el dirigente tiene su sueldo asegurado a fin de mes, y la cooperativa es la que se queda con gran parte de las de por sí pobres ganancias, so pretexto de pago de deudas, de multas (muchas veces impuestas injustamente) y tantas cosas más, reiteradamente injustificables. Me refiero especialmente a la Interprovincial Sur Oriente, cuya realidad conozco de cerca, que incluso ha realizado grandes inversiones, como la adquisición de una estación de servicio. Pero pregunten ustedes si eso ha servido a la gran mayoría de socios para percibir ingresos, tal como se esperaba. En lo absoluto. Sirve para que los neófitos dirigentes hagan lo que se les da la gana (véase la directiva actual), no se queden sin su salario, y para que los socios reciban estados financieros negativos. Siempre negativos.
Esta situación es un asalto a la economía de aquellos socios que poco pueden hacer porque, para rematarla, la Superintendencia de Economía Popular y Solidaria, que es organismo competente, es un fantasma burocrático inservible. Para que un socio, que ha sido discriminado o injustamente tratado, presente una queja, es más difícil que enviarle una carta al Papa. Además, es el mejor compadre de los dirigentes porque todo les acapara. En sus narices los pipones ineficientes disfrutan de su festín… Normal, de todas formas, en la República del Banano.
José Luis Íñiguez G.
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