A lo largo de la historia, profesionales dedicados a la salud han propuesto distintas definiciones para tratar de conceptualizar lo que significa este término. En 1948, en los inicios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se definió como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Este fue el intento de comenzar a trabajar un modelo holístico e integral, que incluye todos los determinantes sociales que pueden afectar el bienestar del ser humano. Sin embargo, con el pasar de los años se mantiene una pérdida de la empatía, cualidad complementaria a la atención y tratamientos brindados a los pacientes, pues permite que estos se sientan escuchados por los profesionales de la salud y, en consecuencia, motivados para luchar contra las enfermedades y malestares que presenten.
La humanización de la salud, es uno de los pilares fundamentales de la atención integral de los pacientes que acuden a una Casa de Salud, así como también la de sus acompañantes. Por ello es importante ejecutar diferentes acciones con el fin de lograr que se sientan en un ambiente cómodo y agradable, haciendo mucho más cálida su estancia. Humanizar la salud, es sencillamente querer hacer las cosas bien. La humanización en la salud está hecha de lo que las personas sienten y viven todos los días. Es generosa, cercana, humilde, comprensiva, sensible, justa, incluyente y abierta. La humanización contempla la solidaridad como un valor imprescindible, lo que implica, desde luego, pensar en el otro. Tiene como fundamento el SENTIDO COMÚN… así, con mayúsculas. Ese sentido común que está resultando ser el menos común de los sentidos, como nos lo demuestran nuestro sistema cada día y que tenemos como obligación rescatar y poner en valor.
En conclusión, la humanización de la salud no debe tratarse como algo extraordinario, sino como una obligación necesaria para la salvaguarda de la ética y la deontología sanitaria.
Andrés Sigcho
andres_575@hotmail.com