No existe una tendencia más nociva, a mi parecer, que la perversa dicotomía izquierda-derecha (nacida en la Revolución Francesa), en la que se ha esquematizado la concepción política de nuestra sociedad. Encaminando el pensamiento a través de vías predeterminadas y específicas, con el supuesto de que tal o cual sistema alberga la concepción única, irreductible e incontestable de la verdad absoluta que se dictará como formula arbitraria al mañana para un supuesto porvenir. La dogmática y el exclusivismo ideológico es aquí evidente, sistematizando y separando las ideas obedeciendo a un arbitrario constructo social de la voluntad de unos pocos. Es así como el ser humano incapaz de confesar su error e impotencia, sostiene como formulas únicas e inmutables dichas concepciones, separando no solo las ideas, sino fragmentando la sociedad en dos polos opuestos, de cuyo aparataje teórico se niega la fusión entre uno y otro sector político.
¿No obstante, es lógica la agrupación cerrada de las nociones y el pensamiento? ¿Es producente la sistematización dogmática de las ideas y las doctrinas dentro de dos únicos grupos? Por supuesto esto significa la negación determinante de embarcarse en nuevas aventuras filosóficas que arrojen sistemas políticos sostenibles, no fundados en prejuicios, si no que acierten a lograr el desarrollo libre de las ideas a través de uso del arsenal de conocimientos del espectro político en general, no obedeciendo a una parcializada ideología preconcebida, sino adaptando tal o cual idea a determinado hecho, según la lógica nos indique, ya que no se refiere a un particularismo de escuela sino al particularismo de la situación. Esto por supuesto deberá obedecer a criterios de bienestar social y/o comunitario.
Rodrigo Monsalves
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