La Constitución del Ecuador en su artículo 98 establece que los individuos y los colectivos podrán ejercer el derecho a la resistencia frente a acciones u omisiones del poder público que vulneren o puedan vulnerar sus derechos constitucionales. Este enunciado normativo constitucional ha sido ejercido en estos días por diferentes organizaciones para rechazar ciertas políticas del gobierno, lideradas especialmente por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE). Quiera o no, el gobierno deberá entender, la CONAIE constituye en la actualidad una fuerza política in crescendo y que hacer caso omiso a sus peticiones lo único que ocasionará es un detrimento iatrogénico del mismo gobierno. En medio de la paralización el Presidente de Ecuador, más tarde que temprano, invita al diálogo para tratar las peticiones de los indígenas, no obstante, el presidente deberá entender que el mero diálogo no pasará de ser un formalismo más si es que los intereses particulares se siguen imponiendo frente a los intereses generales. Cuando solo se dialoga y no se actúa ocurre lo que Bertold Brecht dijo en la Parábola de Buda sobre la casa en llamas, a saber: “No hace mucho vi una casa que ardía. Su techo era ya pasto de las llamas. Al acercarme advertí que aún había gente en su interior. Fui a la puerta y les grité que el techo estaba ardiendo, incitándoles a que salieran rápidamente. Pero aquella gente no parecía tener prisa. Uno me preguntó, mientras el fuego le chamuscaba las cejas, qué tiempo hacía fuera, si llovía, si no hacía viento, si existía otra casa y cosas parecidas. Sin responder volví a salir. Esta gente -pensé- tiene que arder antes de que acabe con sus preguntas”. Estamos cansados de que la razón dialógica del gobierno dance, pero no avance y que solo comunique incomunicando. Definitivamente hay que ampliar la razón dialógica en razón profética, palabra de honor.
Jorge Benítez Hurtado
jabenitezxx@utpl.edu.ec