A propósito de lo que pasa en Colombia. Una vez más es el pueblo el culpable de su propia pobreza, es el pueblo quien debe sufrir en silencio, es el pueblo quien se debe conformar con lo poco que tiene. Y es que de lo contrario es declarado terrorista, es declarado rebelde, pagado por fuerzas opositoras, conspirador de narcotraficantes o cualquier excusa que se necesite para justificar una violencia sistemática en su contra.
Esto no es nuevo ni es propio de Colombia. Recordando las protestas de 2019 en Ecuador, los manifestantes fueron llamados correistas, anarquistas, delincuentes, etc. La delincuencia que surgió del caos de la protesta fue suficiente para que personas como Guillermo Lasso o Lenín Moreno pudieran justificar la violencia contra el pueblo. El pueblo que se defendía con palos y piedras, contra armamento militar pagado con el dinero de ese mismo pueblo maltratado.
Colombia tiene a su propio Guillermo Lasso en Álvaro Uribe quien cree que los colombianos deben apoyar el derecho de soldados y policías de utilizar sus armas para defender a las personas y bienes del terrorismo vandálico. Lo que Uribe falla en entender es que a simple vista no se puede reconocer quién es un protestante y quién es un terrorista. Las balas bien intencionadas causan el mismo daño que las que vienen de un arma corrupta. Mientras tanto ya hay 24 personas fallecidas, mínimo 87 desaparecidos y cientos de heridos (entre ellos también policías y militares).
América Latina una vez más demuestra que es un mismo territorio, en especial cuando sus gritos de auxilio son exactamente los mismos. Es importante recordar que cuando un gobierno le ha fallado a su pueblo, la fuerza militar se transforma en su mejor aliado.
Alex Samaniego
@AlexSMA21