El ser humano es una grandiosa posibilidad que, si la aprovechamos, se obtendrán enormes resultados, pero por el contrario, si no lo hacemos nos meterá en graves problemas. Por eso es importante mantener la mente amigada con la vida, al lograrlo vamos a ir por un camino enrumbado al éxito. Una de esas acciones es no hacer permanentemente conclusiones. Mucho antes que Augusto Comte, el padre del positivismo, señalará a las conclusiones dentro del método científico, nosotros como seres humanos ya las veníamos poniendo en práctica, siglos atrás. Pero hoy en día, es casi como una manía sacar conclusiones de todo y de todos, las cuales más que hacernos un bien juegan en nuestra contra. La vida al ser un espacio de continuos cambios, nos advierte que nada puede ser concluyente, lo que hoy es, puede que mañana no sea, y al contrario.
La invitación de esta semana es, dejemos de hacer tantas conclusiones, no clasifiquemos, hagamos mejor apreciaciones, abrámonos a posibilidades en todo sentido, así estaremos en paz con nosotros y con el entorno social y estructural que nos rodea.
La conclusión se convierte en una ley implacable, no da opción a la defensa, cierra la posibilidad de tener una vida feliz, sin darnos cuenta nos mete en una textura que causa: dolor, odio y rencor. Salgamos de esas envolturas llenas de prejuicios, hagamos cada momento de nuestra estancia en este planeta algo único.
Hernán Yaguana Romero
hayaguana@utpl.edu.ec