La política es la ciencia o el arte de servir al pueblo; la política es una práctica noble necesaria en un sistema democrático; la política es el instrumento para vivir en libertad; no obstante estás prácticas legítimas están lejos de la realidad porque hoy la política es sinónimo de engaño, falacia, corrupción, demagogia; todo esto tiene una explicación, en la mayoría de actores políticos prima el interés personal y no los intereses colectivos y bajo esa premisa existe un afán desenfrenado por captar el poder.
Estamos a las puertas de un proceso electoral y ya somos testigos de las mismas prácticas deshonestas: ofrecimiento demagógicos, entrega de dádivas, cambio de camisetas, pactos obscuros, entre otras; aquí surge una pregunta, ¿en dónde queda la decencia, la honestidad y la ética?; parecería que para ellos no existieran estos principios morales, considerando que el pueblo se acostumbró a ello, concepción sumamente peligrosa en la perspectiva de buscar el bien común y el desarrollo de la sociedad.
Convencidos estamos que en esta oportunidad los electores no van a cometer los mismos errores y castigarán en las urnas aquellos que en oportunidades anteriores delinquieron, usufructuaron, defraudaron, que hicieron del poder un modus vivendi y por más que traten de convencer una vez más con artificios, el pueblo no caerá en las garras de estos mercaderes de la política.
Aún hay esperanza, el pueblo debe escoger a hombres y mujeres con una hoja de vida intachable, con vocación de servicio, capacidad para gobernar y particularmente dispuestos a combatir la corrupción que ha sido la principal causa de retraso, subdesarrollo y abandono. Llegó el momento de repensar en que la política es la principal arma para trabajar por las causas colectivas con un enfoque de equidad, justicia y solidaridad.
Sybel Ontaneda Andrade
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