He tomado prestado el título de una de las canciones de Soda Stereo para referirme a un tema importante y que, lamentablemente, las autoridades locales (y en general del ámbito nacional) no le asignan la debida atención.
El último domingo, como recordaremos, los lojanos despertamos abruptamente. A eso de las 05h52, un terremoto de 7,5 grados sacudió al norte peruano (región de Amazonas), la zona más afectada, alcanzando la onda sísmica a Ecuador y Colombia.
Ciertamente, ese temblor causó gran preocupación, especialmente en las poblaciones de las provincias sur fronterizas, dada la intensidad y duración del movimiento telúrico. Ventajosamente, en esta parte del país, todo se redujo a un gran susto y, desde luego, una vez recobrada la calma aportó con bastante material para los comentarios familiares, congestionar las redes sociales y hasta para los memes.
No obstante, detrás de estos eventos naturales que, si bien no son posible predecirlos, queda claro que el Ecuador y Loja, en particular, no tenemos mayor preparación para enfrentar adecuadamente un problema de esas características y proporciones.
Por ejemplo, no hay capacitación a la población en torno a tener un plan de emergencia que permita a las personas reaccionar de la mejor forma posible y con ello minimizar pérdidas humanas o lesiones que pudieran comprometer la calidad de vida de las personas. Basta decir que no se han realizado simulacros en la ciudad que ayuden a la gente, en forma práctica, en ese sentido. Las familias únicamente se guían por el instinto de supervivencia, esto cuando la serenidad se lo permite.
De ahí la urgencia, cuando ya ha pasado el temblor, que las instituciones como el GAD Municipal y, sobre todo, la Secretaría de Gestión de Riesgos, enfoquen su trabajo en educar a la población para enfrentar los eventos de desastre con información y procedimientos previamente conocidos.
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion