A ratos parece que, la sensatez y el sentido común, están lejos de encauzar las acciones de personas que, por el alto rango de sus funciones, no deben cometen errores que, muchas veces, dejan perplejos al común de los ciudadanos.
Veamos: el 16 de marzo de 2020, por disposición de Lenín Moreno, ante la amenaza del covid 19, que recién anunciaba su llegada a Ecuador, se decretó el estado de excepción con severas medidas de un confinamiento que, por poco, nos vuelve locos. Los más perjudicados fueron los niños y adolescentes que debieron someterse al sistema virtual de aprendizaje, que les ha traído problemas emocionales, psicológicos y cognitivos.
Unicef y otros organismos internacionales, han recomendado las clases presenciales que, en nuestro país, entraron en vigencia, de manera voluntaria, desde el mes de septiembre de 2021, interrumpiéndose en diciembre por la presencia de la variante ómicron, con alto grado de contagios, al punto que, desde los primeros días de enero de este año, nuevamente se volvió a la virtualidad, con insistencia de María Brown, Ministra de Educación, de volver a la presencialidad, petición aceptada por el COE nacional, con resistencia de la alcaldesa de Guayaquil que, incluso, sancionó a las instituciones que desacataron su disposición. Pienso que, para obviar estas inusuales controversias, se debe manejar con mejor criterio el retorno a la presencialidad, por ejemplo, luego de concluir el primer quimestre en la Sierra y, en el régimen Costa, para el nuevo año lectivo 2022-2023.
Otro asunto que, si bien favoreció a la selección del Ecuador, es la manera sui géneris de hacer y deshacer las decisiones por parte del COE nacional, respecto a la presencia de público para el partido entre Ecuador y Brasil. Por la situación crítica que vive Quito, en primera instancia se desoyó el pedido de la FEF que se juegue con el 60% de aforo y se determinó que el partido se juegue sin aficionados. Sin embargo, ante sugerencia de autoridad superior se dispuso que haya un aforo del 50% que, de lo que se vio, fue muy superior. Ojalá no devengan situaciones que lamentar.
Darío Granda Astudillo
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