Contra el trabajo infantil

Una niña o niño debe crecer y aprender rodeado de amor y cuidado. El entorno natural es el más importante en todo su desarrollo y la motivación es fundamental para que pueda tener seguridad y vivir sin temor de ser sancionado o maltratado. El trabajo dignifica al ser humano, pero es imposible permitir que los infantes trabajen en el convulsionado sistema social que enfrentamos. Los adultos no pueden superar las crisis de salud que les provoca el ejercicio de una actividad física o mental, imaginémonos a las niñas y niños. Sólo imaginemos un día común de un niño que vende caramelos, saluda y jamás le contestan, desea explicar el producto que vende y no le escuchan, observa a las personas que comen y que no le comparten, sueña con ser un niño de aquellos, que dejan y botan la comida como fruto de su berrinche. En el caso de una niña, además, debe soportar el acoso de un adulto enfermo que desea acariciarle y le ofrece dinero fácil por acompañarle a la casa, por subirse al vehículo o por dejarse besar. Estas prácticas existen en el entorno en el cual deben desenvolverse los infantes y peor aún deben hacerlo obligadamente porque deben llevar dinero para el vicio de sus progenitores. Aunque parezca necesario, no lo es, siempre hay alternativas, no permitamos que un menor de edad trabaje en este ambiente nocivo a su crecimiento normal, como familiares podemos rescatarles y protegerles, como particulares y conocedores de estos casos, podemos ayudar a que sus familiares les protejan. Hagamos que las niñas y los niños solamente jueguen y aprendan para tener: una mejor sociedad.

Manuel Salinas Ordóñez

manuel.salinas@unl.edu.ec

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *