Con un amigo, que vuelvo a verle al cabo de algunos años, nos topamos en la calle y luego de mirarnos fijamente nos reímos de nuestro trajinado look adornado con rayitos de plata o canas en la cabeza, aun siendo jóvenes. Mi amigo dijo que eran los años. Yo le culpé al estrés de la pandemia que acelera la oxidación celular y produce un envejecimiento prematuro. Entonces son canas pandémicas. Y vino el abrazo con la frase sutil: “vivir es un privilegio, y la existencia, una fiesta”.
En fin todo pretexto para disimular la vejez es en vano, aunque el humanista Marco Proaño Maya en uno de sus libros dice que “la vida no tiene edad” y que el mundo celebra una verdad maravillosa: la gente vive más tiempo. Y quieren, como dijera el genio, morir jóvenes lo más tarde posible.
Lo dicho anteriormente sirva para después de la lección de vida que nos ha dejado el 2021 solo nos quede aceptarnos y avanzar por el camino correcto. Todo saldrá bien si nos concentramos en el presente, porque el pasado y el futuro nos genera ansiedad y eso nos hace tomar decisiones apresuradas en una sociedad apurada. Con calma. Agradecer que estamos vivos para mostrar cómo queremos sea este nuevo año con nuestra participación activa, esfuerzo y paciencia.
Quizá sea una buena propuesta hacer que las cosas buenas sucedan. Y claro que es posible si lo hacemos en conjunto, en comunidad o vecindad. Hay que dejar de caminar por los recuerdos. Voltear la página y esforzarnos con nuevos propósitos que obliguen a las autoridades a cumplir los proyectos y metas, para que la felicidad del pueblo se haga costumbre.
Nuestro deseo para usted y la familia, es que al emprender este viaje de doce meses de duración, el abordaje lo haga con nuevos propósitos, para que en cada escala logre éxitos, prosperidad, bienestar, paz y abundante salud. ¡Feliz 2022!
Adolfo Coronel Illescas