La frase del piloto alemán Erich Hartmann resume la cruda realidad de la guerra: “La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan”. Esta reflexión se hace especialmente relevante en el contexto de la política de un país como el nuestro, donde las decisiones tomadas por unos pocos pueden tener consecuencias devastadoras para la vida de miles.
La guerra y el conflicto no surgen de la nada. Son el resultado de complejas dinámicas políticas, económicas y sociales, a menudo impulsadas por la ambición de poder y el deseo de control. Los líderes y políticos de las naciones, muchas veces motivados por intereses personales o ideológicos, toman decisiones que arrastran a sus países al enfrentamiento interno y externo, sin considerar el costo humano y social que esto implica.
Los jóvenes, en cambio, no tienen nada que ver con estas decisiones. Son enviados al frente de batalla o usados mediáticamente sin tener voz ni voto en el asunto. Muchos de ellos ni siquiera han tenido la oportunidad de conocer a sus enemigos, ni de comprender las razones por las que están luchando. Son simples peones en un juego de ajedrez que juegan otros, sacrificados en aras de objetivos políticos que no les pertenecen.
Es por eso es fundamental que los jóvenes ecuatorianos seamos críticos y exijamos a nuestros líderes que busquen soluciones pacíficas a los conflictos. La diplomacia, el diálogo y la cooperación deben ser siempre las primeras opciones, antes de recurrir a la violencia. Solo así podremos evitar que la frase de Hartmann siga siendo una realidad. Y podremos construir un país donde los jóvenes no tengan que sufrir por las ambiciones de los viejos.
La paz no es solo la ausencia de guerra. Es un estado de justicia, igualdad y respeto mutuo. Es un compromiso con el diálogo y la resolución pacífica de conflictos. Es nuestra responsabilidad como ciudadanos construir una sociedad donde la frase de Hartmann sea solo una triste reliquia del pasado.
Mauricio Azanza Ontaneda
maoshas@gmail.com