Por la proximidad de finalizar un año calendario más, abandoné los asuntos jurídicos y políticos para resaltar de manera general lo que hemos aprendido en el 2021 y los retos del 2022.
La vida es un campo donde germinan los sueños y cosechamos los triunfos, que tampoco está ajeno a la tala que ejecutan nuestros medios y las malas vibras de los dueños de otras vidas.
Somos pequeños en un mundo infinito, pero inmensos de espíritu para alcanzar nuestros cometidos. Tal vez los campos de cada uno no tienen las mismas condiciones que otros, pero si son fructíferos porque el fruto también deviene del accionar del agricultor y su entrega pese a las adversidades.
Termina un año más y el sacrificio diario de todos mueve vidas, familias y un país, colmado de desaciertos, pero con guerreros que luchan por una vida mejor pese a esta pandemia, que nos acerca a la muerte y a la vez nos invita a ser solidarios y a cuidarnos por los otros.
Estoy convencido que el 2022 será un nuevo inicio para regar esos campos aún áridos acechados por los temores y mantener productivos aquellos ya apropiados por la verdad y el trabajo, de tal forma que seamos agricultores en esta tierra fértil llamada: vida.
Que se materialicen todas sus aspiraciones. ¡Feliz año estimados lectores!
CARLOS ANDRES ORELLANA JIMBO
ab.carlosorellana@hotmail.com