Viernes 26. Se debate un Proyecto de Reforma Tributaria que nos involucra absolutamente a todos los ecuatorianos, y el pleno de la Asamblea lo volvió hacer; No lo aprobó, no lo negó, no lo archivó. Como se diría coloquialmente “Quedó a la de Dios”.
Pero somos un Estado de Derecho y Dios poco o nada intercede en esos vericuetos administrativos.
El inmediato análisis como siempre nos ubica a buscar culpables y responsables, señalar de bancada a bancada quien es el malo y quien es el bueno, como si la política se construyera de villanos y salvadores. No, una vez más no; el análisis nunca es simple no lo debe ser.
De aquella abstención existe un beneficiado y es quien impulsó la reforma misma, ya que a consecuencia de la abstención de la “importante minoría”, la reforma entrará sin filtro democrático a través del Ministerio de la Ley.
¿Pactos, ventas de voluntades, componendas, comercialización de la democracia? Si todos estos conceptos aplican como un baratillo de ofertas, en pleno Viernes Negro.
Y es que, Archivar la ley era lo más obsecuente para el pueblo, pero al mismo tiempo las cosas (socialmente hablando) quedaban igual. Un pueblo diezmado y prácticamente acostumbrado a está horrorosa normalidad, tener malos gobernantes, movilizaciones que golpean cada trimestre y regímenes que terminan su periodo sin mayor miramiento.
Pareciera que Ecuador y Latinoamérica fueran sociedades que si no se llevan al extremo de la miseria y la tiranía no reaccionan. Y temo que ese «extremo» sea lo que el cálculo político quiere llevarnos. El verdadero estado de conmoción para motivar la movilización de masas.
Jorge Ochoa Astudillo
socjorgeochoaa@gmail.com