¡Arriba los corazones!

Hoy y siempre, no solo en este mes que derrocha caridad, paz, amor sino todos. El espíritu lo necesita a cada instante.

Pequeños detalles como una sonrisa sincera cambian grandes males, porque con ellos vienen todos los sentimientos nobles que pueda tener el ser humano. La sonrisa es una flor cultivada en nuestros propios jardines que fortifica el indomable carácter de caer y levantarse. Es fuente inagotable de amor macerado con una mirada dulce y un corazón en éxtasis. Sonreír con nobleza es la fuerza que desarma tristezas, nos llega, nos familiariza, acorta distancias y cierra las puertas del silencio que aniquila.

Una sonrisa es el cambio que está en espera, es una mano para levantarse y seguir adelante. Sonreír es dulcificar lo desconocido, es volver a vivir el suave murmullo de las aves y aromar la paz de un corazón herido. Sin costo alguno, sin raza, ni religión, es un regalo que puedes entregar sin miedos ni recelos y verás florecer otra de agradecimiento, tal vez tímida para comenzar, luego, franca e iluminada.

Necesitamos diariamente entregar y recibir una sonrisa. Mucho cuidado, no de compasión sino de hermandad y sentir la satisfacción del amor escondido, de la entrega sin interés.

Volvamos a ser niños para sonreír y no solo hacerlo en el nacimiento de Jesús.  Él nace todos los días en los corazones, no solo de los religiosos sino también en los de aquellos que heridos por la sociedad anidan en sus pesebres sentimientos encontrados.

C’est la vie.   (Es la vida).

Jaime Vinicio Meneses Aguirre