En vista que se avecinan las elecciones seccionales para elegir prefectos, alcaldes, ediles y miembros de juntas parroquiales. También se elegirán, por segunda vez, a los siete vocales principales y suplentes del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (Cpccs). Las piezas del tablero electoral van tomando ubicación, alianzas entre movimientos, partidos y colectivos políticos apunta a plasmar una figura política que los represente (democracia representativa, donde el pueblo es representado a través de un representante que gobierna a su nombre).
Sin embargo, tras del telón, muchas de las figuras políticas pretenden formar alianzas y no declinar de su representación y figura primaria, producto de un “ego político” y la necesidad de mantener a los partidos o movimientos vigentes para conservar su personería jurídica.
La cautela y preocupación es mantener un perfil delineado y acorde a sus principios ideológicos, pretender hacer alianzas con temor y nerviosismo bajo los criterios me resta o me suma electores, producto de la crisis en la que están sumidos los partidos y movimientos políticos, es consecuencia de su falta de sintonía con las aspiraciones de la población.
En definitiva, las alianzas responden a un ejercicio legal y legítimo de las organizaciones para construir entendimientos con beneficios recíprocos, sin embargo, no se debe caer en una idealización romántica, pues en algunos de los casos “las alianzas” han sido utilizadas como estrategia de los partidos o movimientos tradicionales, para reinventarse y surgir como fuerzas emergentes, llenas de demagogia y populismo.
Alex Ricardo Valarezo V.
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