Ahogados en la superficie

En muchas habitaciones oscuras, alrededor del mundo, miles de personas miran las pantallas titilantes de sus dispositivos. Con avidez, reteniendo el aliento, consumen la basura destilada por ejércitos gigantescos de “trolls” que tienen sus cuarteles en las redes sociales. Los contenidos que son el arma preferida de ese ejército han sido generados industrialmente con Inteligencia Artificial. Con este procedimiento las grandes corporaciones informáticas crean unos consumidores ideales cuya capacidad crítica ha sido cuidadosamente adormecida. Por eso mentiras descabelladas, o ideas de conspiraciones absurdas, acaparan un número masivo de reproducciones mientras que la historia y la verdad tiritan en la intemperie, huérfanas de público y exiliadas de la mentalidad popular. Nadie quiere abandonar el placentero y falaz ensueño de banalidad que crea falsos salvadores y falsos enemigos.

La ola de superficialidad que nos ahoga se ha ensañado con la educación atacando con especial saña a la educación superior. Los grandes magnates de Silicon Valley han vendido exitosamente la idea de que teniendo a la mano mucha información cualquier clase de esfuerzo educativo es ocioso. Por tanto, de acuerdo a esta falacia, los cursos rápidos de entrenamiento que sobre asuntos específicos se pueden encontrar en la red mundial son más que suficientes para la formación de las personas. Esta falsedad tiene la ventaja enorme de crear grupos humanos entrenados para tareas muy particulares y aptos para unos puestos de trabajo determinados, fuera de los cuales no serían funcionales en la sociedad. Aparece entonces el “experto” en cuestiones nimias que realiza un trabajo nimio para sus grandes empleadores. Por el contrario, la educación superior busca la universalidad y el pensamiento crítico y liberador. Quiere otorgar la posibilidad de que sus estudiantes puedan escoger su propio destino y elegir también el rumbo que debe llevar la sociedad. Por todo esto solo las aulas universitarias pueden otorgar auténtico futuro para auténticos seres humanos.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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