Desde el 20 de agosto está con nosotros la venerada imagen de la Virgen del Cisne, cuya devoción ya cumple 428 años; y la peregrinación o larga caminata de 72 km. desde el Santuario hasta la ciudad de Loja 193 años, constituyendo la más importante y concurrida de América.
Una visita esperada, porque viene a suscitar la esperanza del pueblo católico lojano y ecuatoriano, que está perdiendo la fe en el futuro nacional. Viene a consolarnos ante la procesión de miedo por el reparto de males: la delincuencia organizada, el narcoterrorismo, el narcotráfico, la inseguridad y la corrupción. Pero también el debilitamiento de la institucionalidad, cuando las funciones del Estado están en franca disputa poniendo en peligro al País.
Al pueblo esperanzador de Loja viene a provocar reflexiones para con sensatez e inteligencia ir pensando en la elección de las nuevas autoridades seccionales, frente al aluvión de precandidatos. Si bien hay rostros nuevos y otros ya conocidos para Alcalde y Prefecto, los desconocidos son los candidatos a concejales de quienes se debe evitar la ineptocracia. Basta ya de improvisaciones para no estancar el desarrollo de la ciudad y el cantón. No se trata de equivocarnos otra vez, sino de equivocarnos lo menos posible.
Son tantas las inquietudes y necesidades acumuladas de los lojanos que era necesaria retomar la tradicional romería, tras dos años de suspensión por la covid. Y lograr la presencia de la Virgen del Cisne para animar, levantar el espíritu, la fe y la fortaleza de los creyentes católicos. Darnos tranquilidad, sabiduría, solidaridad y resiliencia, a fin de lograr salir de los males que aquejan a la Patria.
La Virgen que vive en el corazón del pueblo desde su advocación en 1596, nuevamente está con nosotros. Hay que responder venerándola para encontrar la paz del alma y la esperanza en un Ecuador mejor.
Adolfo Coronel Illescas