Ideologías de alquiler

Se acercan las elecciones seccionales y, con ellas, un fenómeno que ya parece costumbre: el transfuguismo político. Pronto tendremos en las manos papeletas donde veremos a candidatos, empresarios y figuras públicas saltar de un extremo ideológico al opuesto con una facilidad asombrosa. Ayer defendían una línea; hoy, sin ruborizarse, abrazan la contraria.

El problema no radica en cambiar de ideas. La evolución del pensamiento es natural y hasta necesaria frente a nuevas evidencias. Sin embargo, lo que presenciamos no es una maduración ideológica, sino un mercado de convicciones. Cuando el cambio de postura no obedece a un proceso reflexivo sino a la coyuntura electoral, la ideología deja de ser una brújula social para convertirse en un vehículo de conveniencia. Cuando el salto ideológico obedece únicamente al cálculo electoral o económico, la ideología muere y da paso al vil oportunismo.

Esto nos obliga a plantearnos una pregunta fundamental sobre el comportamiento y el poder: ¿cuál es la verdadera motivación de quienes buscan representarnos? El servicio público exige integridad para sostener principios, incluso cuando estos garantizan la derrota. Sin embargo, al verlos mutar de color según sople el viento del beneficio personal, queda trágicamente claro que su lealtad jamás ha estado con el desarrollo de Loja, sino con su propia supervivencia política y financiera.

Las ideas concretas que defienden hoy pueden ser acertadas o no; eso es secundario. Lo verdaderamente tóxico para nuestra sociedad es la ausencia total de honestidad. En las urnas, nuestro reto ciudadano ya no es simplemente elegir entre distintos modelos de gestión, sino distinguir entre quienes tienen convicciones reales y quienes simplemente han alquilado una ideología para la ocasión.

Victoriano B. Suárez Álvarez

victorianobenigno@gmail.com

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