Mientras el sur del país respira entre la angustia y la esperanza por el aluvión en Zamora, no he dejado de pensar en los silencios. No en los que aparecen cuando se apagan las cámaras, sino en esos que nunca llegan a los titulares.
El silencio de quien espera noticias de un ser querido, el de una casa que ya no volverá a ser la misma, el de una familia que intenta encontrar palabras donde solo existe dolor.
En momentos así, solemos creer que las acciones más valiosas son las más grandes. Rescatar, reconstruir, donar, organizar. Y es verdad, el mundo necesita personas capaces de hacerlo. Pero también necesita algo que casi nunca ocupa las primeras páginas… ¡personas que sepan acompañar!
Las tragedias no solo rompen carreteras, montañas o viviendas. Dejan huellas, y también dejan silencios. Y son esos silencios los que necesitan ser habitados por voces que acompañen. Porque cuando la vida golpea de verdad, las palabras dejan de ser un trámite y se convierten en refugio.
Llevo años viviendo entre micrófonos. Mi oficio consiste en hablar. Sin embargo, el tiempo me ha enseñado que la voz más importante no es la que tiene mejor dicción, más potencia o mejor matiz. Es la que llega al corazón de alguien cuando más la necesita.
Porque una voz no solo informa, vende o entretiene. También puede sostener. Puede recordarle a una madre que no está sola, decirle a un niño que su historia no termina en una pérdida, incluso susurrarle a quien carga el peso del mundo que tiene derecho a quebrarse, sin dejar de ser valiente.
Vivimos en una época en la que respondemos mensajes con rapidez, pero pocas veces respondemos con presencia. Al punto de haber normalizado una comunicación que informa mucho, pero acompaña poco.
Quizá por eso hoy quiero enfatizar en el poder de nuestras palabras. A veces una voz no cambia una tragedia. No devuelve a quien se fue, no evita una pérdida ni resuelve un problema económico. Pero puede hacer algo igual de importante: impedir que una persona tenga que atravesar su dolor en absoluta soledad. De hecho, creo que su mayor poder es hacer sentir a alguien visto, escuchado y acompañado. Porque una voz no cambia el pasado, pero puede cambiar la manera en que alguien logra sobrevivir a él.
Esa, para mí, siempre será la forma más hermosa de entender la comunicación.
Stefany Patiño Espinoza
@stefany_vale