Ahora celebramos a nuestros niños

Ha concluido mayo, mes dedicado a la madre, aunque ella no necesita un día especial para exaltarle sus virtudes, porque ella es dueña de todos los días, de todos los meses, de todos los años, de toda la vida porque, en la vida de cada ser humano, simplemente, es incomparable… inigualable: es única.

Hoy iniciamos el sexto mes del año y con él, festejamos a los seres que más ternura y amor nos regalan en el hogar y en cualquier parte que se encuentren: los niños (as) que, en su infancia, hasta los seis años, nos envuelven con sus encantos y ocurrencias, con sus halagos y preguntas, con sus berrinches y jolgorios; a ellos y ellas, que quisiéramos que nunca crecieran para no perdernos sus deleites, y que, luego, aún pequeñitos les enviamos a enfrentarse con la vida y  sus primeras responsabilidades cuando  deben acudir a sus centros educativos escolares, les celebramos  hoy  con la mayor alegría.

¿Por qué es importante la celebración del Día del Niño? Porque es una forma de valorar su presencia en el seno del hogar y de la responsabilidad que tienen los padres para protegerlos, quererlos, amarlos y forjar un crecimiento, colmando sus necesidades elementales que le permitan un desarrollo físico y emocional sostenidos, de manera que avizoren un futuro integral. En los centros educativos, hoy, los niños y niñas serán objeto de múltiples homenajes a través de programas preparados por sus maestros: vivirán un día muy especial.

Esta celebración recuerda al Estado la responsabilidad de trabajar con eficiencia por el desarrollo de nuestros pequeños, sobre todo en aquellos sectores en los que, la pobreza, golpea sus puertas y la desnutrición infantil es una dolorosa realidad y los niños crecen en medio de muchas necesidades por la debilidad económica de sus progenitores.

Los niños constituyen, por su edad, el sector más vulnerable de la sociedad y requieren de una permanente protección por parte de los padres y familiares en el seno del hogar, de los docentes en las aulas escolares, y, principalmente del gobierno, para evitar que su infancia no se vea amenazada por atentados a su integridad física y moral y, peor, al acoso escolar que tanto daño ocasiona.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com

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