En este mes dedicado a las madres, quienes tejen con hilos invisibles el tapiz de nuestras vidas; detengámonos a honrarlas por ser ese territorio seguro, donde las raíces crecen profundas y las alas encuentran su primer impulso para volar; sin lenguaje que pueda contener la magnitud de su entrega silenciosa y en este intento de expresar lo inexpresable, les comparto estas palabras:
“Desde el primer instante que abrí los ojos a este mundo,
lo primero que encontré fue tu calor, no sabía aun lo que
era el amor, pero lo sentía en tus manos, en tu voz, en ese
abrazo que se convirtió en mi primer hogar; tú fuiste mi
primer cielo, mi primera certeza, mi primera razón para
sonreír.
Eres la mujer más fuerte que conozco no porque no hayas
llorado, sino porque lloraste y seguiste adelante; no porque
no hayas caído, sino porque cada vez que caías te levantaste
con más fuerza, con más luz, con más amor para dar, esa
fortaleza que llevas dentro es la herencia más grande que
me has dejado; tú me enseñaste que el amor no se demuestra
solo en los días buenos, sino en los difíciles, en los días en
que todo duele y aun así apareces.
Hoy en tu día, quiero que sepas, que eres la razón más hermosa
por la que me alegra haber nacido; gracias por tu amor que no
conoce límites, gracias por ser exactamente quién eres.
Tu hija Diana
Talia Guerrero Aguirre
talia.guerreroa@hotmail.com