El filósofo argentino Mario Bunge dice que el macrodelito político consiste en «abusar en gran escala del poder político» y pone como ejemplos del mismo los siguientes, a saber: «no convocar a elecciones libres», «robar elecciones, como en el caso del «fraude patriótico» inventado por la «dictablanda» argentina», «la intimidación del elector, como en el caso del «voto cantado»», entre otros. Pues algo parecido ocurre hoy en nuestro país; no es inédita esta realidad, ya ha ocurrido antes a otros países, culturas y civilizaciones. Sin embargo, hoy día los macrodelincuentes políticos tienen opciones que sus predecesores no soñaron como los medios de masas, especialmente internet y redes sociales. La cantidad de dinero que gastan en publicidad engañosa sirve para crear en las personas la tríada neurótica de masas: adicción, agresión y depresión. Para generar agresión manipulan las emociones fomentando una mentalidad de «nosotros contra ellos»; la agresión se redirige hacia enemigos internos o externos y se manifiesta a menudo a través de la violencia verbal o la confrontación. En cambio, para la adicción fomentan una dependencia psicológica o material hacia el líder, creando la ilusión de que el bienestar depende exclusivamente de su permanencia en el poder; para ello utilizan la propaganda, el control de la información y la satisfacción inmediata de necesidades básicas (bonos) a cambio de lealtad. Finalmente, la depresión que se da por la falta de un propósito común del pueblo y la pérdida de valores que llevan a un vacío existencial, que el líder pretende llenar con promesas falsas; es más, no sorprende ver un estado de resignación y apatía en la población que es promovido para reducir la crítica y la resistencia. Dice Bunge que por lo general el macrodelincuente político que llega al poder no quiere que las personas se den cuenta de cuán afortunados son al poder votar a quienes quieren, o incluso a quienes no quieren; en este sentido, hemos progresado tanto en política que el diablo, notoriamente astuto y poderoso, se ha quedado corto.
Jorge Benítez Hurtado
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