Superar el cuarto piso de la vida y acercarse a los 50 tiene una trampa invisible: creer que el éxito acumulado es cheque en blanco para el futuro.
Tras años de trayectoria, que incluyen consultorías para organismos como Naciones Unidas y diversas entidades públicas y privadas, he comprendido que, en los negocios, la confianza excesiva es la antesala de la obsolescencia.
Es común para la mayoría de mi generación, mirar la Inteligencia Artificial (IA) con escepticismo, como un recurso para quienes carecen de capacidad de redacción, por ejemplo. Sin embargo, la realidad es otra: la IA no reemplaza el criterio; libera el tiempo.
Recientemente, una propuesta técnica que solía demandar un día entero de investigación, análisis y estructura, cobró vida en minutos. Delegué la «carpintería artesanal» -muy operativa- a la tecnología y me reservé el espacio de mayor valor: el juicio estratégico y el ajuste pragmático de los objetivos. El resultado fue más sólido y, por primera vez en años, me fui a dormir temprano.
Pero cuidado: la IA carece de contexto verdadero y, a menudo, «alucina». Por eso, la experiencia senior es hoy más indispensable que nunca. La tecnología te entrega el borrador y tú aportas la sabiduría para detectar esas inconsistencias que un algoritmo ignora.
La cuestión de fondo no es el reemplazo tecnológico, sino la humildad para soltar tareas mecánicas que ya no justifican nuestro honorario.
He decidido documentar este proceso de integración tecnológica. Sin pretensiones de «influencer» (qué pereza), compartiré en mi canal de YouTube cómo diseño propuestas técnicas en una fracción del tiempo habitual. El objetivo es que nuestra experiencia se traduzca en mejores resultados, no en más horas de agotamiento.
Marlon Tandazo Palacio
marlonftp@gmail.com