El país enfrenta hoy una crisis de confianza que se manifiesta en dos frentes devastadores. la oscuridad que regresa a nuestras calles y el vacío que se ensancha en nuestros hospitales. El gobierno de Daniel Noboa, que llegó bajo la promesa de la resolución y la modernidad, nos ha entregado una nación en penumbras y un sistema de salud que agoniza bajo la firma de despidos injustificados. «No habrá apagones», fue la frase que se nos vendió como una certeza técnica. Hoy, los racionamientos regresan para golpear la economía del pequeño comerciante, del estudiante y de la familia que intenta subsistir en un entorno ya de por sí violento. No estamos solo ante una crisis climática; estamos ante una crisis de previsión. Gobernar a base de «medidas parche» y soluciones a medias ha provocado que la infraestructura energética del país colapse cuando más se necesitaba claridad. La falta de transparencia sobre el estado real de nuestras hidroeléctricas es una falta de respeto a un pueblo que paga sus impuestos esperando gestión, no excusas. Pero lo más grave es que, mientras la luz se apaga en las casas, la esperanza se apaga en las salas de espera de los hospitales públicos. Si el apagón eléctrico es una falta de gestión, el despido de personal de salud en plena crisis es un acto de indolencia criminal. Resulta incomprensible y profundamente doloroso que un gobierno decida prescindir de médicos, enfermeras y especialistas bajo el pretexto de una «optimización» administrativa. ¿Cómo se le explica a una madre que no hay quien atienda a su hijo porque el médico fue notificado con su salida el día anterior? No se puede «optimizar» la vida. El despido de profesionales de la salud no es un ahorro fiscal, es un desmantelamiento de la dignidad humana. Nos están dejando desprotegidos, vulnerables y a merced de una burocracia que parece valorar más una cifra en un Excel que un latido en un quirófano. Ecuador no puede ser el escenario de un experimento donde la verdad es opcional. La conciencia social debe despertar: nos están matando con mentiras. No es normal que el médico sea el enemigo a recortar ni que la oscuridad sea el paisaje cotidiano. El abuso de poder también se ejerce a través de la ineficiencia y el engaño sistemático. Este es un llamado a parar este atropello. Como ciudadanos, no podemos aceptar que la salud sea tratada como un lujo prescindible ni que la energía sea un privilegio intermitente. La «Realidad Cruda» que hoy vivimos nos obliga a exigir que el Gobierno detenga la masacre administrativa en los hospitales y que asuma, con seriedad técnica, la crisis energética que él mismo negó. Basta de parches, basta de mentiras y basta de jugar con la vida de los ecuatorianos.
Marco A. González N.
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