El cronograma electoral ya está corriendo y eso obliga a las organizaciones políticas a dejar de mirar al costado y comenzar, con urgencia, a definir sus cuadros. El Consejo Nacional Electoral (CNE) declaró el inicio del período electoral; fijó el 29 de noviembre de 2026 como día de votación y el 14 de mayo de 2027 para la posesión de autoridades electas.
El calendario no solo anuncia una elección, impone tareas previas. Primero viene la depuración del registro electoral y los cambios de domicilio; luego, los procesos de democracia interna; después, la inscripción de candidaturas, la campaña, el sufragio y, finalmente, la proclamación y posesión de autoridades. En ese camino, los partidos y movimientos no pueden improvisar nombres ni expedientes. La ley exige que las candidaturas provengan de procesos internos y que las listas respeten paridad, alternancia, secuencialidad e inclusión de jóvenes.
Tampoco se trata solo de escoger rostros conocidos. Democracia interna e inscripción de candidaturas son procesos técnicos y jurídicos. Un error en requisitos, pertenencia territorial, plan de trabajo o conformación de listas puede frustrar una candidatura antes de llegar a la papeleta.
A esto se suma otro dato decisivo, en estas elecciones se mantiene el financiamiento público denominado promoción electoral, administrado por el CNE. La ley también permite el gasto electoral que son los aportes privados de personas naturales, pero nominativos, registrados, con límites y prohibiciones expresas; incluso, se prohíben donaciones anónimas.
En definitiva, este proceso debe asumirse como una oportunidad para fortalecer a las organizaciones políticas, no solo en su capacidad electoral, sino en su vida democrática interna. El país necesita partidos y movimientos sólidos, con cuadros preparados, reglas claras, liderazgo territorial, formación política y capacidad de construir propuestas serias para la ciudadanía.
Daniel González Pérez
dagonzalezperez@gmail.com