Una democracia sin contendores reales no es una democracia: es una pantomima del poder fomentada por el CNE que termina favoreciendo a quien ya concentra ventajas políticas o económicas.
Adelantar unas elecciones no es una decisión banal ni meramente administrativa. Tiene efectos directos sobre la calidad de la competencia democrática:
1.- Impacto sobre organizaciones opositoras: El adelanto del calendario complica seriamente la participación de organizaciones como RC y RETO, hoy entre los principales espacios de oposición al gobierno. Los tiempos derivados de su suspensión institucional reducen las posibilidades reales de que sus simpatizantes participen, ya sea dentro de esas organizaciones o mediante otras estructuras políticas. Cuando el tiempo político se comprime, también se reduce la posibilidad de reorganización y competencia efectiva.
2.- Desventaja para candidaturas territoriales: Las candidaturas locales no dependen principalmente de grandes maquinarias ni de financiamiento amplio. Dependen del recorrido, del contacto directo, del trabajo puerta a puerta y de la autogestión comunitaria. En cambio, quienes cuentan con estructura electoral consolidada o respaldo económico pueden adaptarse con mayor facilidad a cambios abruptos del calendario. Aquí aparece una desigualdad evidente.
LO MÁS IMPORTANTE: Antes de encasillar este análisis como una postura “correísta” o “anticorreísta”, vale la pena hacerse una pregunta más incómoda: ¿por qué este cambio ocurre ahora?
Se argumenta que el adelanto responde a posibles lluvias en enero. Sin embargo, el país ha votado antes en condiciones mucho más complejas: en pandemia, en escenarios de alta conflictividad política e incluso tras el asesinato de un candidato presidencial. En esos momentos no se modificó el calendario electoral.
Por eso, esta discusión no es sobre etiquetas políticas.
No es sobre ser correísta o noboísta. Es sobre defender principios democráticos más allá del gobierno de turno. Más allá de quién lo hizo peor antes o quién podría hacerlo peor después.
La democracia se sostiene cuando somos capaces de cuestionar decisiones que afectan la competencia política, incluso cuando no afectan a nuestro propio candidato.
Es ahora cuando necesitamos salir de los moldes mentales que nos dividen y volver a debatir lo esencial: las condiciones reales de la democracia.
Pablo Ruiz Aguirre
pabloruizaguirre@gmail.com