El 8 de marzo no es una fecha vacía ni una conmemoración superficial, es un día de memoria histórica, de conciencia social y de reconocimiento a la lucha que las mujeres han sostenido a lo largo del tiempo frente a guerras, gobiernos fascistas, sistemas de explotación, estructuras patriarcales y formas de dominación que durante siglos intentaron reducir su voz y su participación en la vida pública, cada derecho conquistado y cada espacio ganado han sido el resultado de resistencia, organización y una profunda convicción de justicia.
En América Latina, particularmente en Ecuador, esa lucha ha estado marcada por mujeres que enfrentaron al poder con valentía y dignidad, mujeres líderes como Tránsito Amaguaña y Dolores Cacuango representan la firmeza de los pueblos que se levantaron contra la explotación, el racismo y la desigualdad estructural, su lucha no fue únicamente por la tierra o por mejores condiciones laborales: fue sobre todo por la educación, por la dignidad y por el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas.
En los procesos de independencia también destacó la valentía de Manuela Sáenz, una mujer que desafió las normas de su época y comprendió que la libertad no se concede, sino que se conquista con determinación, años después Matilde Hidalgo abrió un camino histórico al convertirse en la primera mujer en obtener el título universitario de médico y en ejercer el derecho al voto en el país, rompiendo una de las barreras más profundas del sistema político de su tiempo.
Hoy, esa herencia de resistencia continúa en voces firmes como la de Patricia Gualinga, quien defiende la Amazonía y los territorios indígenas frente a los intereses extractivistas y las dinámicas del poder económico global.
El 8 marzo es una jornada de memoria, pero también de compromiso, recordar a estas mujeres significa reconocer que su lucha sigue viva y que su legado continúa inspirando a todas las mujeres del mundo.
Camilo Sebastián Moreno Cabrera
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