Desde los años 30, Ecuador ha estado marcado por el populismo en su política nacional, posesionando a sus figuras en cada fase del mismo, así: el populismo “clásico” con Velasco Ibarra en los años 30 al 70; el “neopopulismo” años 90, con Abdalá Bucarán; y, en el populismo “radical” que irrumpe a finales de los 90 y se mantiene hasta la actualidad, ahí destacan Rafael Correa y lo continúa Daniel Noboa.
El populismo como concepción política y filosófica no existe. Quizá es un término confuso, poco claro, enigmático o ambiguo; y es, precisamente este último… el que en la práctica refleja con claridad meridiana su real significado, pues se lo ve en el discurso político ¡ambiguo! Sin fundamentación, agorero, no evidencia transformación efectiva en la situación socio política; en resumen… una apariencia burda e irreal en el diario vivir del pueblo.
Aterrizando en nuestra realidad, al populismo se le dio esa carga ilusa que obnuvilaba a los ciudadanos, en la medida en la que se lo lleva al elector a ese juego frustrante según el cual el pueblo cree -o se le hace creer- que tiene el poder, aunque de verdad nunca lo ejerce efectivamente. Y esto, por cierto, reconduce la discusión a las relaciones entre democracia directa y democracia representativa, la cual en la mayoría de los casos se pervierte en puramente delegativa.
Esta corriente populista tuvo algunas mutaciones, como lo que ocurrió en nuestra América Latina y recorrió desde Cuba, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Argentina. Quizá Chile resistió y sigue dando algunos atisbos de poca contaminación del famoso socialismo del siglo XXI. Solo recordemos las famosas “Asambleas Constituyentes de Plenos Poderes” ese fue el instrumento de sometimiento de los pueblos a los tentáculos del populismo atracador, concentrador, clientelar, dadivoso, que atesoraba todos los poderes…es fácil recordar aquella expresión: “el Estado es uno solo y el Presidente es el Jefe del Estado; por tanto… lo es de todas las Funciones del Estado”.
Esta contaminación del populismo se diseminó como metástasis a todos los niveles de gobierno y los resultados están a la vista: corrupción, despilfarro, improvisación y un mal manejo de los recursos del pueblo, decantándose en atraso, pobreza y pérdida de identidad popular sin capacidad de reacción y cambio hacia el progreso y la auténtica libertad; para que esto cambie les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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