No sé si la gran mayoría que llevó a Daniel Noboa a Carondelet, ya se dio cuenta de que lo eligió para que ponga el aparataje estatal, las leyes y las instituciones al servicio de su morosa empresa familiar, tal como advertimos en época electoral y ante lo cual nos tacharon hasta de pitonisas.
Pero no nos equivocamos, pues uno de los mayores atracos acaba de suceder: para junio de 2025, Exportadora Bananera Noboa S.A. tenía una deuda en firme en el Servicio de Rentas Internas (SRI), de 95,4 millones de dólares. Milagrosamente, para el 30 de julio esa deuda se redujo en un 77%, llegando a USD 21,7 millones, y para el 30 de septiembre a los USD 3,5 millones. Y de forma aún más milagrosa, para el 02 de octubre la deuda llegó a cero dólares. Sí, a cero dólares. Milagros plutocráticos, sin duda. Pero si escalamos a la realidad, una reducción tan amplia puede darse ya sea con el pago total de la deuda, o mediante acto administrativo conforme a derecho. Sin embargo, hasta el momento el SRI, dirigido cínicamente por quien en su momento fuera la gerente de tributación de Bananera Noboa, no ha entregado información alguna. Más bien la franquicia bananera se ha catalogado adalid de cumplimiento tributario.
En todo caso, con seguridad la trampa está en una disposición transitoria sobre remisión de intereses, contenida en la Ley Orgánica de Integridad Pública, ya declarada inconstitucional el pasado 26 de septiembre por la Corte Constitucional, pero sin efecto retroactivo.
Así de cojudos nos hacen y el séquito Noboísta se burla, le ve la cara al pueblo, aún con el aplauso de muchos. Ni legal, ni legítimo, mucho menos ético. Pero el grupo Noboa ya logró uno de sus objetivos de llegar al poder: autocondonarse, con argucias, la deuda millonaria que, habiéndola pagado, hubiera significado más salud, más educación, más seguridad, al menos en un país idílico. Pero como estamos lejos de aquello, esta nación seguirá siendo denigrada mientras el niño consentido se embriaga en su mansión de Olón. He ahí el peligro de entregar el poder, con complacencia melosa, a los plutócratas mitómanos y viles.
Posdata: ¿Cómo era? ¿Que Noboa no robaría porque es rico? Vaya… me sigo aferrando a mi pesimismo lúcido.
José Luis Íñiguez G.
joseluisigloja@hotmail.com