La conmemoración de la instauración del Gobierno Federal de Loja el 18 de septiembre de 1859, nos exige algunas cuestiones imperativas: determinación para defender a Loja del centralismo y sus tentáculos, unión cívica y patriótica para luchar por los intereses legítimos de un pueblo al que la historia gloriosa le pertenece, capacidad de soñar y de materializar esos sueños, y la urgencia de sacudirnos del letargo y la parsimonia que parece ser una actitud cada vez más común.
Si miramos en retrospectiva, la Loja Federal liderada por ese coloso que fue Manuel Carrión Pinzano, logró demasiado en dignidad, conquista de derechos, cultura, educación, economía e institucionalidad en muy poco tiempo. Por eso quizá la época presente nos resulte tan vergonzosa y pusilánime, pues Loja está asediada, Loja es una provincia que ha sido humillada y ultrajada, casi vencida. Pero quizá lo más triste no sea la actitud de los mercaderes de la política y su circo mediático, sino la actitud vacilante, adormitada y conformista de este pueblo que no alcanza a despertar. Ahí está la pésima vialidad, los índices de pobreza y miseria que van en aumento; ahí está un Festival de Artes Vivas que, habiendo sido de primer mundo, cada año se desvaloriza más; ahí está la salud pública, plagada de corrupción y negligencia; los hospitales y dispensarios médicos sin medicamentos, mientras se caen a pedazos y son devorados por el tiempo y la ineptitud; ahí está la mercantilización de la educación, la institucionalidad dependiente de Cuenca, Quito, Guayaquil o Machala; la venta de cargos públicos, el encarecimiento de la canasta básica; ahí está la agricultura y ganadería que esperan por tecnificación; la escasez de agua potable, ahí está…
Mientras pienso que la lista puede ser interminable, me pregunto qué nos está pasando. ¿Por qué ignoramos ese pasado tan aleccionador? ¿Será que las bajas pasiones nos han llevado a vivir adormitados, a recibir todo con embudo o a conformarnos con inmundas migajas? Uno intenta ser optimista, pero el pesimismo legítimo se impone. Uno mira la realidad de Loja y hay desazón, hay desconcierto porque parecería que somos nada en el país de la nada.
José Luis Íñiguez G.
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