Tiempo de feria

Es septiembre y en Loja resulta inevitable pensar en la feria, en los feriantes, en lo que significa y ha significado para nuestra historia. Albert Franklin en el siglo pasado escribía, refiriéndose a cincuenta años atrás, que “los cóndores y las libras peruanas de oro tintineaban sobre los mostradores de las ‘chinganas’ de Loja en el mes de septiembre, eran suficientes para que la ciudad se independizara (…) de las sórdidas preocupaciones económicas durante todo el año”. Una seña importante: la feria como signo de prosperidad, de economía boyante.

Cuando Bolívar llega a Loja le proponen una feria, no solo por la viva relación de frontera con Perú, sino también por la relación desigual que había en el intercambio comercial que buscaban se pudiera equilibrar. Desde entonces la feria de integración fronteriza ha sido muestra de que nuestra condición periférica, con su carga de aislamiento, es una provocación para nuevas oportunidades.

Es un evento icónico que presenta para Loja desafíos importantes: abrir nuevas vías para el desarrollo que atienda a las características propias: nuestro distanciamiento con los centros del poder político y económico, nuestra realidad fronteriza que es una potencia poco explotada.

La prosperidad lojana parece haberse perdido, y la seguimos buscando en alternativas que no nos pertenecen, que son ajenas a nuestra realidad, y que tienden a esconder lo que hemos sido, lo que somos, y lo que podemos ser mirando nuestra historia y dando valor a lo que tenemos. Con el sueño de ser como otros, cancelamos la oportunidad de ser nosotros mismos con toda la carga de aciertos y errores.

Pablo Vivanco Ordóñez

pablojvivanco@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *