Existe una práctica que la ciudadanía ya conoce demasiado bien: pasar años administrando sin una planificación clara y, cuando se acerca el final de una gestión, acelerar pequeñas obras, inaugurar proyectos y recorrer barrios, comunidades y parroquias intentando demostrar una gestión que debió existir desde el primer día.
¿Casualidad? La ciudadanía tiene derecho a preguntárselo.
Los recursos públicos no son una caja electoral. El presupuesto de un Gobierno Autónomo Descentralizado pertenece a todos y debe administrarse con planificación, transparencia y visión de futuro. No puede convertirse en una herramienta para recuperar popularidad, favorecer intereses políticos o intentar garantizar la continuidad de determinados grupos en el poder.
Las obras públicas deben ejecutarse porque son necesarias, porque están planificadas y porque responden a las verdaderas prioridades de la ciudadanía. No porque se aproxima una elección.
Mientras algunos esperan cuatro años para reaccionar, nuestros territorios siguen acumulando problemas históricos. La ruralidad continúa esperando atención, los barrios reclaman servicios básicos, las parroquias necesitan infraestructura y los cantones demandan verdaderas oportunidades de desarrollo.
No necesitamos gobiernos que piensen únicamente en las próximas elecciones. Necesitamos autoridades que piensen en las próximas generaciones.
La ciudadanía merece mucho más que una obra de última hora. Merece saber dónde se invirtieron los recursos públicos, cuáles fueron las prioridades de cada administración y por qué determinadas necesidades tuvieron que esperar tanto tiempo para ser atendidas.
Porque gobernar no es improvisar. Gobernar no es repartir favores. Gobernar es planificar, ejecutar y rendir cuentas.
El desarrollo de nuestros territorios no puede depender de estrategias electorales de corto plazo. Los pueblos no avanzan con fotografías de inauguración ni discursos de campaña. Avanzan con planificación, inversión responsable, transparencia y decisiones que trasciendan a quienes temporalmente ocupan el poder.
La obra pública no debe ser moneda de cambio electoral. Es un derecho ciudadano y una responsabilidad de quienes administran los recursos de todos.
Ya es hora de exigir resultados y entender que cuatro años de falta de planificación no se pueden borrar con cuatro meses de campaña.
Jorge Eduardo Burneo Iñiguez
jeburneoi@hotmail.com