Hablar con solvencia, no es garantía de probidad, honestidad o menos aún de verdad, y aunque si, la elocuencia generalmente indica la seguridad de su locutor, recientemente hemos asistido a la exposición de “sagaces elocuentes” paradójicamente con un mínimo de retórica, a utilizar el espacio de la comunicación mediática para emitir cualquier desacierto, torpeza o despropósito; y consecuentemente, escuchamos a sus interlocutores inmediatos, aupar con efusividad tales intervenciones, como si de eso dependiera la estabilidad personal y colectiva.
¿Acaso estamos en la postrimería de la comunicación como la conocíamos?, ¿Cuándo se ablandó el duro y férreo filtro mediático que con tanto acierto buscaba e instigaba los errores del gobernante?, o ¿Dónde quedaron aquellos inquisidores de la comunicación y el periodismo que con severo apremio develaron todas las tramas de corrupción y el autoritarismo del pasado?
Posiblemente desaparecieron en la “estabilidad y la armonía social” en la que nos encontramos, donde ya no existe horror, degradación ni violencia; O probablemente este nuevo ecuador de esperanza, de trabajo y oportunidades, donde no existe la necesidad de migrar y escapar de este país ha opacado ese filtro mediático tan riguroso.
Puedo equivocarme, pero no lo creo, y es que el estupor, la insensibilidad y la indiferencia, hoy se ocultan tras los horrorosamente postrados medios de comunicación convencionales, que han optado por ser parte de aquel Status Quo que antes tanto pugnaron por derribar.
Y que, con descaro irremediable, hoy ponen a disposición sus megafonías para la promulgación de barbaridades y desatinos. Entonces escuchamos a millonarios hablar de humildad y empatía para el pueblo, o a herederos sin escrúpulos hablar que, de trabajo honrado o astronomía, que, aunque se intente aclarar, la explicación es un error bien vestido (Cortázar).
Y la crítica es una opción no permitida en este nuevo experimento político
Jorge Ochoa Astudillo
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