La muerte cruzada, marcó un hito en la historia democrática de este país, pues fue una herramienta que, según su proponente, devolvería la institucionalidad, la confianza ciudadana y traería políticas públicas emergentes en el campo de la seguridad.
Es ese contexto nos merece una evaluación dividida en un ámbito social democrático y otro más empírico. Ecuatorianos se han jactado estos meses de haber disuelto una asamblea que tenía bajos índices de popularidad y una percepción realmente mala por el nulo trabajo en pro de la ciudadanía. Pero, ¿Qué ha cambiado? No hay nada de fondo, gran número de personas que fueron destituidas fueron otra vez democráticamente electas y ocupan esos curules. Dando seguimiento a sus intereses anti patrióticos en su mayoría.
En la práctica no ha cambiado mucho, desde el mismo nacimiento de una constitución demasiado extensa la calidad de las leyes hace necesaria la constante reforma de estas. Sin tener realmente un cambio significativo. Si bien, se han creado un gran número de documentos, la aplicación y el análisis de lo ahí redactado aún no se ha encontrado forma de aplicar,
El Ecuador afronta retos y la gestión pública tiene tarea atrasada de gobiernos anteriores incompetentes o cómplices. La solución debe venir, con desesperación y de forma tajante con la problemática principal, la seguridad. Y evitar caer en novedades comunicacionales, o pensamientos de reelección. El declive es grande, el pueblo fuerte, pero necesita que las autoridades se comprometan al tricolor. Aunque eso signifique muchas veces, salir de esos pesados escritorios y conocer realidades, legislar no para el pueblo, si no con este.
Darío Xavier Alejandro Ruiz