Algunos estamos inmersos en la vorágine de la vida cotidiana, otros tantos en un constante trajín y en general pasamos por alto la importancia de valorar las cosas simples y fundamentales que poseemos; dando por sentado nuestras capacidades físicas, la funcionalidad de nuestros sentidos y las comodidades que nos rodean; solo cuando enfrentamos la posibilidad de; perder nuestra salud, extrañar un plato de comida o vernos obligados a dormir a la intemperie, es cuando llegamos a apreciar verdaderamente su valor. Quizá es un cliché, pero esencial para hacernos reaccionar y recordar a tiempo cuán afortunados somos al contar con mucho más de lo necesario, para mantenernos saludables, seguros y en cierta medida felices; independientemente de los desafíos, que lógicamente debemos enfrentar y pensar en que siempre habrá personas, que están luchando contra dificultades mayores con menos recursos. Esto para hacer una lectura de lo que tenemos y que solemos pasar por alto.
“Que afortunados que somos
los que podemos ver, caminar,
sentir y no padecer ninguna
enfermedad terminal.
Que afortunados somos
los que no mendigamos para
comer y tenemos un techo
bajo el cual cobijarnos”.
La próxima vez que, nos encontremos frustrados o estresados; debemos tomarnos un momento para relajarnos y repasar: tenemos salud, capacidad visual, motora, alimentos, un techo o no estamos solas/os y reconocer con humildad la infinita bondad, en cada bendición otorgada tanto grande, como pequeña, para abastecernos de gratitud y generosidad, con aquellos que si les hace falta.
Talía Guerrero Aguirre
talia.guerreroa@hotmail.com