Abracadabra…

Todos hemos escuchado estas palabras en algún tiempo de nuestras vidas. No es que funcionaba, pero a esa edad, era la frase mágica que abría misterios.

Los treinta y uno de enero se celebra el día mundial de la magia, su historia es compleja y muestra la evolución de las creencias. En la antigüedad se creía en una conexión entre la magia y la divinidad, estuvo muy arraigada a la espiritualidad y a la religión. En la Edad Media se la vinculó a la brujería, siendo perseguidos y muertos en la hoguera todos sus practicantes. La magia escénica y el ilusionismo surgió con gran interés en los primeros años del siglo pasado integrándose en grupos culturales y espirituales. La magia sigue siendo parte de la cultura contemporánea.

Los mejores magos se cuentan con los dedos de la mano como Marlín, Roberth y Harry Hudini, Dai Vernon, David Coperfield, quien en asombroso ilusionismo hizo desaparecer la Estatua de la Libertad, flotó sobre el Gran Cañón, atravesó la muralla China…, ahora se ha propuesto desaparecer la luna, sí, la luna en este mes de febrero. Dicen los magos que pueden desaparecer lo que se imaginan.

También tuvimos un mago muy bueno, Olmedini, quien sobrevivió a un derrame cerebral y quedó ciego, sin embargo, sigue con su ilusionismo en el metro de New York.

De mala recordación, por los siglos de los siglos, son los ‘robolucionarios’, magos que sin mucho esfuerzo hicieron desaparecer cientos de millones de dólares de las escuálidas arcas fiscales y nosotros como si nada.

¡Despierta!, es hora de reclamar.

Jaime Vinicio Meneses Aguirre

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