‘Del sueño tranquilo a una batalla con el narco’

Hace un tiempo, éramos la joya escondida de América del Sur, un país que se pavoneaba de su paz y singularidad. En 1802, Alexander Von Humboldt, ese erudito viajero, nos observó con ojos asombrados. «Los ecuatorianos son seres raros y únicos», escribió. «Duermen tranquilos entre crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste».

Nos enorgullecíamos de esa peculiaridad, nuestra capacidad para hallar armonía en la contradicción. Pero hoy, las risas de antaño se han desvanecido, eclipsadas por la sombra del narcotráfico. ¿Dónde está la tranquilidad que tanto presumíamos? Parece que se deslizó entre los pliegues de nuestra historia, esquiva y escurridiza.

Recordamos con nostalgia aquellos días en los que éramos los soñadores, los soñadores que descansaban en medio de la furia de los volcanes. Ahora, la tierra tiembla no solo por la naturaleza, sino por la violencia que ha irrumpido en nuestra realidad cotidiana. ¿Cómo llegamos a esto? Nos preguntamos, mientras los ecos de la música triste resuenan en los rincones de nuestras ciudades. La tristeza, antes melancólica, ahora lleva el peso de la incertidumbre y la pérdida de la paz. Nos preguntamos si Humboldt, con su visión del pasado, pudo haber anticipado este giro oscuro en nuestra historia. Soñando con despertar y reconstruir el tejido de nuestra identidad, antes de que el letargo del narcotráfico nos robe más que solo el sueño.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *