
Quienes profesan la religión católica e inclusive aquellos que no lo hacen, conocen la trágica decisión de Herodes de mandar a matar a los niños recién nacidos, ya que temían que el nuevo rey que había nacido hace pocos días, ponga en peligro, su reinado.
Por ello en el cristianismo se recuerda esta matanza con mucho dolor, pero con el devenir de los siglos se ha transformado esa pena en realizar inocentadas. Las bromas y demás actos jocosos que se realizan en conmemoración al día de los inocentes no guardan ninguna relación con la historia de este día.
Los niños asesinados, inocentes de toda culpa no pueden ser recordados con bromas y risas. Al contrario, debe significar una oportunidad para rechazar estas acciones humanas de atentar contra la vida de las demás personas cuando piensan que se pone en peligro su condición de poder, sea éste económico, político, laboral e inclusive familiar. No recordemos a los niños que vieron la luz de la vida e inmediatamente fallecieron, con risas o bromas, guardemos silencio y respeto ante tal detestable acontecimiento.
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