Latinoamérica entera había presentado graves problemas económicos durante los últimos años. Obviamente estos enraizados en la débil institucionalidad, frágil gobernanza y un sistema político destruido.
Todo este escenario, de por si complejo, se agudizó aún más luego de la pandemia del Covid 19. No se vislumbra soluciones tangibles y de corto plazo, al contrario, el panorama se complica demasiado cuando se observa que los conflictos políticos y la grave situación económica podría aumentar la pobreza cada día más. Según datos del Observatorio de Economía Regional de la UTPL, por ejemplo, se indica que, si los ingresos totales de los ecuatorianos caen en un 20%, la pobreza podría pasar del 25% al 34,7% en los próximos años.
Esta situación no se resuelve con buenas intenciones, ni tampoco solamente con discursos. Es momento de determinar agendas planificadas, que no requieran solamente de decisiones públicas. Es la hora de estructurar planes territoriales de corto y largo plazo, que no dependan de actores políticos únicos, ni de un solo sector de la sociedad.
Ya hemos vivido todo tipo de experiencias, incluso luego del retorno a la vida democrática, no hemos obtenido un verdadero cambio hacia el desarrollo. Así, creo que, desde la sociedad, academia y sector privado, debería nacer una propuesta de desarrollo que se aleje de una única identidad de manejo político y piense más en un plan integral de desarrollo territorial. Les invito a la reflexión, no hay mucho tiempo, porque en el año de la pandemia quienes sobrevivirán no serán ni los más grandes ni los más chicos, sino los que logren adaptarse rápidamente a la única certidumbre que es la complejidad de lo incierto.