Poner la mira…

En la cultura del esfuerzo, en aquella disposición del ánimo de poner en acción los mejores esfuerzos para conseguir aquello que nos proponemos, lo primero que debemos hacer es dirigir nuestra mirada al punto al que queremos llegar.

Hay una razón práctica y esencial para que empecemos con esta determinación: nadie puede llegar a un lugar si primero no se lo avizora de alguna manera. Entonces, todas nuestras acciones, nuestras estrategias y decisiones deben dirigirse a ese definitivo lugar, y solamente serán válidas en la medida que procuren llevarnos a ese cometido.

Tomemos algunas situaciones a manera de ejemplos para que nos ayuden a clarificar las ideas.

Si quiero aprender a tocar guitarra, debo verme a mí mismo dentro de un tiempo previsto bastante preciso tocando este instrumento con determinado nivel de ejecución.

Si mi anhelo es escribir un libro sobre determinado asunto, debo proyectar una imagen con las condiciones o características que espero, y no distraerme con otro proyecto que anule mi decisión ya tomada. El tiempo en que quiero alcanzar mi objetivo es también parte de esta mirada primera y que también me servirá para otras acciones a tomarse, como ser, la planificación, los horarios, etc.

Si mi meta es el cielo, tengo que dirigir mi mirada hacia ese punto y no perderlo de vista en otras atracciones. Mi mirada irá hacia Cristo y sus hazañas: manso y humilde, poderoso y tierno, firme y misericordioso, libre y obediente. Como el filósofo español Fernando Rielo nos habla de la forma que debemos poner nuestra mirada en este peregrinaje por el paraíso terrenal: “Mirar la Tierra desde el cielo”. Aunque sepa que será un camino lleno de dificultades, de contratiempos, incomprensiones y, desde luego, hasta de persecuciones ¡pero con un final de éxito puro en la empresa!

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

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