Dentro de las muchas promesas que ha incumplido el gobierno de Guillermo Lasso, una es especialmente penosa. Prometió «enterrar al correismo». Para muchos, que votaron con más odio que análisis político, esta fue la única promesa que importó. No había nada más urgente que evitar la «pesadilla socialista venezolana». Y con esa promesa se le perdonó muchas cosas durante estos dos años de gobierno, utilizando el eslogan de «al menos el correismo ya no está».
Pues hoy con los resultados de las últimas votaciones seccionales y con el gran resultado del referéndum, esa última defensa que tenía Lasso se terminó. El correismo vuelve a ser la fuerza política más importante del país. La estrategia del gobierno de huir de la «pesadilla socialista venezolana», nos hundió en la «pesadilla capitalista colombiana» de los años 90s. Y lo único que ha construido el gobierno es una carretera sin baches desde Bélgica a Carondelet.
Ahora un gobierno sin aliados y que está siendo activamente investigado por corrupción decidió retirar a la policía de sus servicios en la Fiscalía (institución que investiga al gobierno). Esto es particularmente alarmante teniendo en cuenta que Carondelet fue recientemente allanado. ¿Lasso se está intentando proteger a sí mismo, a su familia o a su gabinete? ¿O es que sabe que su gobierno no aguanta un escándalo más?
Primero hace un referéndum de 20 millones para darle independencia a la Fiscalía y un día después se entromete en la justicia, entorpeciendo grandes investigaciones. Con esa coherencia se han manejado estos dos años.
Todo parece indicar que estamos viendo los últimos momentos del gobierno de Guillermo Lasso.
Alex Samaniego
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