Los padres de familia de dos o más hijos suelen inconscientemente provocar competencia entre ellos. La mayor alegría y porque no decirlo el sentimiento de felicidad llega a nosotros cuando triunfan en cualquier aspecto, por lo que elogiamos su éxito, pero que sucede cuando este no llega, simplemente lo censuramos. Estas dicotomías triunfo-derrota, siempre-nunca, hacen daño a nuestros pequeños puesto que las comparaciones jamás serán bien recibidas por ellos, a veces de forma verbal y otras de forma no verbal con gesticulación que hablan por sí solas y advierte nuestro rechazo o aceptación, sin darnos cuenta que estas afectan sus potencialidades y agrandan sus deficiencias.
Los hijos son diferentes, uno será bueno para algo mientras que el otro no y viceversa, debido a sus propias diferencias, intereses, habilidades y capacidades, que los pueden conducir a tener éxito o fracaso, toda vez que uno de ellos puede decidir no tratar de hacer las cosas que otro hermano hace bien, por temor de no tener éxito.
Como se encuentran en franca competencia se presentarán situaciones problemáticas entre ellos y los padres que no sabrán de qué lado ponerse, sí del mayor o del menor, lo cual afectará su estima y generará resentimiento entre ellos. Es importante que los padres estimulen a todos sus hijos por igual, que aprendan que sus errores que son parte de la vida y que es necesario ayudarlos a comprender la importancia de contar con el apoyo de su hermano y no competir contra él por la aprobación de los padres.
Al desarrollar más la cooperación entre ellos, enfrentarán los retos con alegría y optimismo pues reconocer con coraje que son imperfectos, pero con la convicción que siempre podrán esforzarse más, seguir tratando, ya que sus padres reconocen y valoran ese esfuerzo. Recuerda es tu decisión ser feliz.
Francisco Herrera Burgos
gruposar16@gmail.com