A finales del presente siglo se tiene previsto la desaparición del 50% de los idiomas mundiales, a un ritmo de 26 idiomas por año. En Ecuador la tendencia no es ajena, por ejemplo, sus 13 lenguas ancestrales se encuentran amenazadas, pese a que es un país intercultural, plurinacional y biodiverso. Por otro lado, han surgido cambios legislativos favorables a la situación de las lenguas indígenas ‘minorizadas’, como el reconocimiento de los derechos lingüísticos que garantizan a los pueblos y nacionalidades respeto, protección, promoción y mantenimiento de las lenguas.
Además, entre los derechos lingüísticos, se establece la educación intercultural bilingüe, uso de intérpretes en procesos judiciales, oficialización de lenguas ancestrales en áreas donde prevalece y el derecho al voto, para los que no hablen castellano. Estos derechos tienen una doble dimensión de la que se basa su titularidad, es decir: individual o derecho a ser reconocido como miembro de una comunidad lingüística, uso público y privado de la lengua; colectiva, derecho a disponer de servicios culturales, presencia equitativa de la lengua y difusión de las culturas en los medios de comunicación.
En este contexto, la Corporación Naturaleza y Cultura Internacional, precisa una atenta escucha, para respetar los derechos humanos y humanas individuales y colectivos, con la finalidad de defender la diversidad lingüística y cultural. Integra dentro de sus valores y políticas institucionales los derechos lingüísticos, lo cual constituye una situación potencialmente favorable, para evitar la pérdida de las lenguas ancestrales.
Un ejemplo de ello, es la construcción del diccionario de la lengua Andwa, en la provincia de Pastaza. Así mismo, su caminar aplica procesos de ‘Consulta Previa Libre e Informada’ con intérpretes de las comunidades, para la co-ejecución de proyectos que permitan conservar y restaurar la Amazonía perteneciente a los pueblos y nacionalidades Zapara, Achuar, Shuar, Shiwiar, Kichwa, Waorani y Andwa, entre otros.
Finalmente, conmino a todos y todas a tomar rutas óptimas y políticas permanentes para no perder nuestra riqueza lingüística, lo que, además, implica, una voluntad política que impida la desaparición de rasgos culturales únicos que, probablemente, corran el riesgo de desaparecer.
Héctor Rolando Zhiñín Quezada
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