La necropolítica de gobierno

La necropolítica se da cuando un poder político y social determina cómo cierta población debe vivir y cómo otros deben morir.

La tubería del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) volvió a fallar y un nuevo derrame sucedió. A pesar de la gran cantidad de tweets que funcionarios escribieron, no pudieron frenar los daños ambientales y el derrame llegó al río Coca. OCP se quitó de encima toda responsabilidad al decir que el infortunio “no pudo haber sido previsto”, a pesar de que en repetidas ocasiones se advirtió a las autoridades de los peligros de tener un oleoducto en una zona sísmica y erosionada.

A pesar del inminente colapso ecológico Guillermo Lasso sigue convencido de que se debe duplicar la producción petrolera, condenando a las poblaciones indígenas de la Amazonía a tener vidas constantemente amenazadas y a utilizar agua contaminada para sobrevivir. 

El gobierno quiere ocultar que está sacrificando vidas por la producción petrolera mediante discursos de su vende humo favorito, el ministro de Ambiente Gustavo Manrique, quien dijo que ahora hay tecnología que deja “igual o mejor” el agua, la biodiversidad y la riqueza de la comunidad del sitio de explotación. Esta es la respuesta fácil y mediocre a los problemas medioambientales, una confianza ciega y vacía en tecnología que no existe, en lugar de la elaboración de políticas que impidan que se siga viendo a la naturaleza y a las vidas de las comunidades como desechables.

OCP dijo que una caída de rocas sobre el ducto fue lo que provocó el derrame. No es cierto, el derrame lo provocó el fracasado modelo productivo que el gobierno insiste en forzar en el país.

Alex Samaniego

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