La situación política e institucional del Ecuador se advierte cada vez más afectada; lamentablemente el interés político, sectario y de grupos económicos han intervenido en cada situación institucional, puesto que quienes antes denunciaban la “metida de mano” en la justicia, en la designación de autoridades y otros temas de la institucionalidad del país, ahora actúan con las mismas formas que antes reprochaban. La incoherencia es el mal de la política que se puede evidenciar a lo largo de la historia nacional.
En años pasados observamos a muchos de los que hoy gobiernan, manifestándose, interpelando y llamando a la ciudadanía a resistir en las calles, hoy al parecer las cosas han cambiado; puesto que reprochan las manifestaciones, insultan, denigran y minimizan el accionar de líderes indígenas y sociales que tienen propuestas, las que deben ser canalizadas y analizadas, con un resultado concreto. El diálogo no puede ser inerte y convertirse en una tomadura de pelo, como ya sucedió con el gobierno anterior; un diálogo de ciegos y sordos, en la que únicamente quedaron las fotografías. Será que en esta situación aplica el refrán que una cosa es con guitarra y otra con violín.
La política ecuatoriana tiene que dejar de ser de dueños y de políticos, o de nuevos rostros que se acoplan a esa política repudiada siempre en nuestro país, es necesario que no sea solo de cambios de cara, sino de cambios de fondo y forma que permitan alcanzar una reforma en el sistema de partidos y de por fin tener una política ciudadana, donde los ecuatorianos sean tomados en cuenta, escuchados e informados con los resultados de esas conversaciones. Los políticos deben escuchar de verdad y actuar con coherencia para que de esa manera exista algo de credibilidad.
Daniel González Pérez
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