Cómo decía Ricardo Eliécer Neftalí conocido con seudónimo de Pablo Neruda:
«De la vida no quiero mucho. Quiero apenas saber que intenté todo lo que quise, tuve todo lo que pude, amé lo que valía la pena y perdí apenas lo que nunca fue mío».
Iniciamos un nuevo año, donde la política sirva y no se sirva. Donde la polis no encuentre su razón de vivir en «el qué dirán», en el cuestionar y en el apuntar y busquemos primero ante un espejo nuestra verdad para encontrar la de los demás.
Aunque tratemos de esconder con estadísticas la falta de empleo, la crisis y las secuelas de la pandemia que está pasando factura a la economía por la falta de empatía política y también por el desinterés que cada ser humano tiene por aprender a vivir en un nuevo mundo que no quiere a veces aceptar por no salir de su comodidad.
Y viene un 2022 lastimado, pero con ganas de levantarse, con ánimos de olvidar, pero también de perdonar sin descuidar lo efímeros que somos en este mundo donde lo más importante que tenemos hoy es un trozo de vida, pero algunos vivimos en un poema de marioneta sin aceptar que sobrevivimos, pero es hora de iniciar a vivir en busca de la verdadera felicidad y no la de Facebook o Instagram dónde nos etiquetan para un segundo de alegría pero una vida de mentiras.
Porque de nada nos sirve un nuevo año, con mente caduca, pensamientos vulnerados, gente nueva en política, pero con cerebro de antaño. Que el año nuevo sea reinventado, desprendiendo para seguir aprendiendo de lo bueno, los malos y los cuasi perfectos.
A entendernos, escucharnos y cuestionarnos.
Andrés Ontaneda Vivanco
eaontaneda@hmail.com