En salvaguarda de su prestigio

El 15 de febrero de 1961, tres empresas pequeñas de transporte terrestre con 38 socios: Ecuador Celica y Cenepa, se fusionaron en una, para registrar la partida de nacimiento de Cooperativa de Transportes Loja, designando como primer presidente el señor Jorge Erazo Ledesma. Cooperativa Loja, se convirtió en pionera de la transportación terrestre en la provincia y poco a poco, amplió su cobertura a provincias vecinas.

Diez años después, en el año 1971, “la Loja”, como, usualmente, muchos la conocen, llegó por primera vez a Quito, con un tiempo de 22 horas. En ese entonces, las carreteras realmente daban miedo, sin embargo, la seriedad y profesionalismo de quienes se dedicaban a la transportación terrestre, fueron una garantía para la seguridad de los pasajeros.

Desde ese entonces, hasta la fecha, (el 15 de febrero próximo, cumplirá 61 años de fundación), se han suscitado muchos cambios en Cooperativa de Transportes Loja, como su renovación permanente de unidades (ahora 147), cada vez más modernas y funcionales, para beneplácito y comodidad de los pasajeros, uniendo a todo el país e incluso saliendo de él, con tiempos cada vez más cortos por la bondad de las vías, con un servicio que ha hecho que esta cooperativa, goce de un prestigio muy merecido.

Para ganar un prestigio se debe trabajar de manera ardua y sostenida, con esfuerzos y sacrificios; pero, mantener ese prestigio es más difícil todavía y lo importante es no dormirse en los laureles. Las palabras que anteceden tienen relación con los hechos negativos suscitados últimamente, y en los que Cooperativa Loja ha sido protagonista, como el trágico accidente del 11 de diciembre con saldo de 18 fallecidos, con presunción que el siniestro fue por exceso de velocidad. O lo ocurrido el 19 del mes en curso cuando un chofer, en estado etílico, pretendió cumplir con su ruta. La ANT ha hecho severas advertencias e impuesto sanciones a la Cooperativa Loja que pueden empañar su buen nombre.

Que estos hechos inviten a la reflexión a todos quienes están frente a un volante. La vida es el supremo bien protegido, preservémosla.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com