Para el 2022

Un año complejo, talvez no tanto como 2020, pero si uno que será recordado como el cambio de era. 2021 fue un año de transición, pasamos del miedo a la pandemia a convivir con ella, del encierro a la normalidad restrictiva, cambiamos de hábitos, cambiamos de formas de socializar, de saludar; cambiamos incluso de gobierno y gobernantes (o algo así).

Quienes transitamos en éste 2022, somos la nueva era, (suena teatral pero no) y es que nos convertimos en la era del tapabocas, la del alcohol en las manos, la del saludo de puño. Somos la era que aprendió a trabajar y estudiar telemáticamente, las que nos cayó de sopetón el cambio de lo presencial y a lo digital, de la noche a la mañana aprendimos a manejar el zoom, el drive, la nube, la marcación digital y el teletrabajo.

Y esto no acaba, con cada nueva cepa o virus las alarmas se alteran, las fronteras vuelven a entrecerrarse, y cuidado constante de no contagiarse o no ser portador del virus se vuelve norma.

Pero fiel a nuestra cultura, todo eso lo olvidamos el momento de festejar en familia, entre amigos, o hasta entre desconocidos cuando sabemos de un baile popular en la plaza pública. Si, así somos, complejos, inconformes, diversos e incomprensibles para el foráneo, de los que nos alegramos con música triste, y dormimos tranquilos en medio de volcanes.

Somos eso, un barroquismo moderno que mezcla lo ancestral con lo actual, lo cultural con lo informal, lo tradicional con lo del momento, el pasillo con el reguetón, “Jodidos pero felices” dijo Carlos Michelena. Y así vamos a darnos el abrazo este 31, desearnos un buen 2021 y esperar que el próximo sea mucho mejor.

Jorge Ochoa

socjorgeochoaa@gmail.com