A mediados de diciembre de 2019, en la ciudad de Wuhan, China, se presentaron casos de neumonía por causas desconocidas que pronto se tornaron mortales y la enfermedad, por su origen, se denominó coronavirus o covid 19.
En los primeros meses del 2020, el mundo entero se aterrorizó por el rápido contagio y mortandad que causaba en sus habitantes. De China, muy pronto, el mortal virus rompió fronteras y se instaló en los cinco continentes, con epicentros graves, primero en Europa, y luego en América, siendo Estados Unidos y Brasil los países en donde la enfermedad causó los mayores estragos. A esas alturas, la Organización Mundial de la Salud le dio al coronavirus la categoría de pandemia, recomendando una serie de medidas para evitar el contagio y la inminente muerte.
En nuestro país, desde marzo de 2020, se entró en un largo periodo de cuarentena con severas medidas restrictivas. Aun así, Guayaquil, fue golpeada brutalmente con episodios de películas de terror. Luego, las medidas se fueron flexibilizando para coadyuvar con la reactivación económica y permitir que en algo se procure recuperar la normalidad. Sin embargo, el número oficial de fallecidos supera los 33.000.
Con la vacuna, cuyo proceso de inoculación comenzó en enero del año en curso en todo el mundo, se pensó que la enfermedad había sido derrotada definitivamente; sin embargo, la realidad es otra. Con fecha 1 de noviembre, según datos de la Universidad Johns Hopkins, desde el inicio de la pandemia, se han producido 246 millones de contagios con más de 5 millones de fallecidos. Y que este momento se pierden más de 5000 vidas por día.
En la mayoría de países del mundo ya se han aplicado dos dosis y en otros casos hasta tres, sin embargo, el virus no da tregua; pues, según información de la OMS, en 53 países del mundo, sobre todo de Europa, el virus, con su variante delta, se ha reactivado, y hacen predicciones que, para febrero del 2022, podría haber una mortandad de más de medio millón de personas.
Recordemos que las vacunas solo hacen menos duras las caídas, pero no nos salvan de ellas. Así que, todos, a seguirnos cuidando.
Darío Granda Astudillo
dargranda@gmail.com